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Una breve reseña de un viaje increíble.
Por Fabrizio Sención
Sustainable
Harvest presentó a principios de mes un reto llamado de la “semilla a la taza”, con dos
equipos de baristas que pasarían los próximos cinco días en las montañas de
Nicaragua cosechando, seleccionando, haciendo el beneficio, secado y tostado;
todo esto con el fin de presentar el producto final ante un panel de jueces
internacionales bajo las reglas y condicionamientos de una competencia mundial.
Hasta ahora no había tenido el placer de conocer de primera mano la habilidad
laboriosa y artística que involucra crear un café de origen único desde los campesinos en la finca
hasta nosotros en las cafeterías, est a era un oportunidad única para valorar el
trabajo que existe detrás de cada proceso. Resulta elemental la comunicación
entre baristas y campesinos, productores, tostadores y catadores para crear una
relación directa en la cadena de café, porque al final ese es el secreto detrás
de una buena taza.
Esos cinco días los viví como un campesino, dormí en unas pequeñas cuevas
de madera donde había espacio suficiente para dormir en posición fetal, comí
bajo sus estrictos horarios (desayuno a las
5 a.m.) y su variado menú (frijoles y arroz) para mí
resultó perfecto porque la carne nomás no, de tomar un café que parecía un té
mal infusionado, pero dulce eso sí.
La primera noche fuimos arrullados por los cantos de los changos salvajes que
viven en los alrededores de la selva y que por la noche bajan haber que
encuentran.
El primer reto:
Colectar la mayor cantidad de granos maduros en dos horas.
Mi equipo: Yara de Brasil, Sayda de Nicaragua, Mike de Canadá y Luis de
Nicaragua, el nombre de nuestro equipo “Cappuccino” en honor a Luis “don
Cappuccino” López, el anfitrión.
Después de una pequeña explicación de cómo se debe de cortar el fruto, nos
pusieron selva adentro, bajo la lluvia constante y un sin fin de insectos y
sonidos particulares.
La sensación de tener una cereza en la mano y que haya sido yo mismo el que la
cortó sólo la puedo comparar con la que existe al probar un espresso que hace
que se te dilaten la pupilas y se dibuje una sonrisa en tu boca; así de intenso.
Al final las cerezas fueron pesadas y calificadas por piscadores profesionales.
Mi equipo perdió en cantidad pero nuestras cerezas, al parecer, eran de mejor
calidad. Crecer y cosechar un buen café es tan difícil como hacer un buen
espresso.
Después de haber sido pesado el café fue despulpado y colocado en un tanque para
su fermentación.
Segundo reto:
Seleccionar los cafetos que estén listos para ser plantados en la sierra.
En veinte minutos teníamos que seleccionar, desplazar y colocar en la carretera
cafetos que serían plantados en los siguientes días. Desgraciadamente, por la
constante lluvia, el suelo más bien era un pantano lodoso donde se te atascaban
los zapatos o resbalabas. Al final los dos equipos parecíamos recién salidos de
una clínica de belleza con mascarillas de barro y lodo por todo el cuerpo, pero
nos esperaba un baño con agua fría de color dudoso. El equipo uno volvió a
ganar, pero estuvo divertido para todos.
Tercer reto:
Colecta de hongos.
Después de haber pasado la mañana lavando y seleccionando nuestro café
despulpado, era tiempo de adentrarnos en la selva en busca de un hongo que es
utilizado como composta orgánica y fertilizantes para las plantas. Tuvimos 45
minutos para buscar este hongo, que suele desarrollarse en troncos caídos y
huecos por dentro. Con machete en mano cortábamos las zonas que creíamos que
tenían el hongo y los poníamos en una bolsa, nada fácil tener que molestar a los
miles de insectos y demás que viven en la selva y sobre todo debajo de los
troncos. Al final el equipo uno volvió a ganar ya que ellos tenían más hongo del
bueno, en nuestro equipo hubo un poco de confusión y teníamos como tres tipos de
hongos, pero eso sí después de eso ya sabemos con exactitud cual es el bueno.
Cuarto reto:
Colecta de alga.
En la finca Selva Negra, colectan alga de sus lagos para aplicarla como
fertilizante en las plantas que apenas están creciendo, el alga permite que el
suelo mantenga siempre cierta humedad y las plantas crezcan más fuertes. El reto
consistía en treparnos a una lanchita e ir colectando algas del fondo del río.
Teníamos cinco minutos para ver quien juntaba más. Por fin mi equipo ganó y por
mucho. El premio de este reto fue un baño con agua caliente que bien valió la
pena después de terminar envueltos en algas y olores a pez.
Quinto reto:
Selección de defectos en café verde.
Nos trasladamos a las instalaciones de Soppexcca en Matagalpa, a un laboratorio
propiamente instalado y con todo el equipo necesario. El reto consistía en el
seleccionar del café verde seco los de mejor calidad y tamaño. Teníamos que
separar cada defecto cuidadosamente y clasificarlo según el defecto, los dos
equipos lo hicimos muy bien, pero el equipo uno lo hizo en menos tiempo.
Sexto reto:
Remover composta.
En la fina Selva Negra hacen composta de todos sus residuos orgánicos que usan
como abono en las plantas de café. El reto era remover la composta con palas y
el equipo que moviera más en 5 minutos sería el ganador, una vez más mi equipo
falló, nos faltó un poco de estrategia y entusiasmo.
Séptimo reto:
Tostar con Sevan Istanboulian.
Cada equipo escogió un color de Agtron
para el tostado. Tuvimos tres chances para poder dar justo en el
Agtron, escogimos el agtron 65 y le
dimos!!! Mike Yung y yo nos encargamos de manejar el tostador, un probatino de
1.2 kilos, cada una de nuestras pruebas fue vigilada cautelosamente tomando nota
y tiempos para definir nuestra curva de tostado. Éste fue nuestro segundo reto
ganado!! Y para mí el que más me gustó. El secreto de un buen café está en el
tostado.
Reto final
Presentar los resultados
Para este día ya nos encontrábamos en Montelimar un lujoso hotel con todas las
comodidades y todo incluido! Donde comenzaba
Let´s Talk Coffee 2009 una conferencia anual
sobre sustentabilidad en la cadena del café. El reto final era presentar nuestro
café, que habíamos tostado 3 días antes. Cada equipo tenía 10 minutos para
presentar ante 4 jueces sensoriales 4 espressos y 4 cappuccinos y 10 minutos
para servir cuantos capuchinos pudiéramos para la audiencia. Todo de acuerdo a
las normas y reglas de la WBC.
Decidimos, en mi equipo, repartir responsabilidades y tareas específicas para
nuestra presentación. Mike Yung haría los expresos, Yara haría la leche para los
capuchinos, Luis sería el encargado de verter los capuchinos en la mesa de los
jueces, Sayda servía el agua de los jueces y tenía el control de toda la
limpieza y orden del equipo, a mi me toco hablar y presentar todo, en inglés y
en español. Hicimos un excelente trabajo, nuestro espresso sabía a vegetales, en
especial tomate, con un dulzor muy tenue, un café único porque estuvimos
involucrados en todos y cada uno de sus procesos. Ganamos el último reto, y el
más importante.
Haber vivido cinco noches como campesino me hizo reflexionar mucho acerca del
inmenso trabajo que hay detrás del café, y como cada proceso requiere
habilidades únicas, es un “chambonón” poder tener un kilo de café ya en bolsa,
listo para molerse. Nosotros somos la última mano atrás de un sin fin de
personas que trabajaron duro, comieron poco y durmieron incómodo; con esto
quiero decir que la próxima vez que tengamos un café en nuestras manos no lo
menospreciemos por su apariencia, origen, variedad o lo que sea y que valoremos
el esfuerzo y darle una oportunidad a probarlo para diferenciar atributos.
Soy como una esponja y estoy aprendiendo de todo lo que veo y escucho, convivir
con 9 personas con la misma pasión fue muy emocionante, conocer como viven,
hablar de máquinas, de cómo modificar un molino, de cuál es su café favorito o
simplemente de que hacen en su día libre, todo esto ha sido muy significativo
para mí, y me mantiene motivado, con ganas de seguir aprendiendo.
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